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... El culto expresionista del color, otro componente esencial de su personalidad artística, nos enfrenta a la poderosa huella de su itinerario europeo, Francia, Bélgica o Alemania, con sus esenciales propuestas sobre el color, por encima de cualquier inhibición, esencia y modo único de la pintura, que han contribuido a que la pintora reduzca todo signo a color, y se adentre en este pensamiento y con este lenguaje incontaminado en su trasmundo poético.

Una visión que se mueve de la Naturaleza al Alma Humana.

Las mujeres en la pintura de María Josefa no representan tan sólo una riquísima iconografía suponiendo un bellísimo y profundo ejercicio de introspección, un viaje al alma humana, identificada en una convicción de estirpe expresionista con la feminidad.

Las maternidades, los hermosos cuadros de flores, su galería de retratos o el propio autorretrato de la pintora completan un universo en que lenguajes inseparables de la angustia, las pulsiones más dramáticas o la agresión pictórica, sin pérdida alguna de su intensidad o poder expresivo, se ponen al servicio de la vida y el espíritu en lo humano o en lo paisajístico, en los interiores, en los floreros o en las naturalezas muertas, en una búsqueda como la de María Josefa Díaz, que renueva entre nosotros los principios y aspiraciones de la mejor tradición expresionista.

                                                                    Ignacio Henares Cuellar. C.U. Dpto. Hª de Arte. Granada

Conocí a María Josefa Díaz en L'Atelier de Henri Goetz en París y con posterioridad coincidimos en una convivencia artística del C.E.P.A. en Luxemburgo.

Si ya en París su obra plástica llegó a mí orquestada por un instrumental imposible de someterse a ningún dogma, ni a modas o modos establecidos, los cuadros presentados en Luxemburgo sirvieron para afianzarnos más en ello y reforzar el alto concepto que en aquella ocasión tomé de su arte en cuanto a su libre expresión formalizada, cromatismo básico y fuerza espiritual que en ellos nos brindaba.

Si su trayectoria artística algún día, siguiendo la presión de exigencias interiores, tomara otros caminos o buscara otros confines en los que manifestarse plásticamente, le pediría que lo hiciera con el mismo sentimiento y con esos mismos gritos que le acompañaban aquellos días de París y que tanta fuerza daban a su pintura.

                                                                                                                                              Nic Hoffman

Quien conozca la pintura neo-expresionista de María Josefa Díaz, verá que pintar para ella es una confrontación con el color, una permanente lucha por dominarlo, en la que siempre saldrá triunfante. Yo diría que maneja el color con tal maestría, modelando formas, construyendo diferentes y decorativos planos, rimando a su vez las composiciones, que será el mismo color el soporte sobre el que crea vibraciones, haciendo de sus cuadros como una suntuosa alfombra con un juego de colores que se amalgaman y se transmutan en cada momento.

Cuando pinta María Josefa busca la fusión, busca la aleación con el objeto del goce, porque sensualidad es espíritu en el momento que desaparece la dualidad materia-espíritu. Bajo la vorágine del color y los ritmos salvajes de sus pinceladas, la masa cromática se convierte en sustancia pulsátil que se renueva por sí misma.

                                                                                                                                          Margerite Mau

… Ajena a la objetivación de la percepción óptica la obra pictórica de María Josefa Díaz podríamos encuadrarla en un estilo neo-expresionista, con el que nos pone de manifiesto de la forma más enérgica sus sentimientos más íntimos.

Su color es diáfano, abierto, imperioso y a veces excitante, que ella misma convierte en caudal de tanto valor al que no sacrifica ante exigencias formales.

María Josefa está convencida de que, con el color, por sí solo, se puede expresar todo lo que se quiera. Así sus tonalidades transmiten magistralmente la canícula meridional, no al pie de la letra, lógicamente, sino de forma metafórica, a veces poética y siempre espléndida.

                                                                                                                                        Vicent Hermans

El expresionismo europeo se halla en la raíz de una obra que nace del corazón, de una intensa pasión por la vida que se renueva en cada idea, en cada mirada, en cada trazo del pincel plano que hace vibrar las distintas intensidades de las profusas gamas cromáticas, que se suman, trasgreden, velan, superponen, trascienden, contrastan, mezclan, intensifican, potencian, magnifican. Estabilizan o expanden en una especial suerte de danza telúrica, de inagotable dialéctica de fuerzas, en las que los purismos azules, los sólidos rojos, los aterciopelados verdes o los amarillos insolentes realizan un sabio ejercicio creador que nos lleva a un espacio casi fauvista a través de estos cuadros plenos de sensibilidad, de monumentalidad y rigor, a un universo singular y mágico, un ámbito excepcional para el sentimiento y la libertad de expresión.

                                                                        Eva V. Galán. Doctora en Bellas Artes. Crítica de Arte

Todo se agita, tan luminosamente, en la pintura de María Josefa Díaz. Es como si un viento libertario y exigente que reúne los colores, profundiza en las formas, y tiene algo de magia y de misterio presente en las anémonas, esas flores de aire, que esta pintora plasma como el amor, lo eterno, la muerte, y la belleza, volviera y sacudiera los motivos del arte; como si el viento que movió la consciencia de aquellos cultos fauves, o “fieras”, sorprendiera de nuevo y, renovado, nos devolviera a la pureza extrema, y ajeno a todo, conflictos y recelos, preguntas y vacíos, abriera las ventanas volviendo a ser expresión de los deseos, sacudida de las emociones, anhelo en libertad de una naturaleza donde el bosque mediterráneo arde en su propio sol, su luz de viva llama en los colores que atraviesan los pinos en reposo , o como sí - en una composición llena de fuerza - los chopos azules como el agua que escoltan, eludiéndola, se enredaran en una red de magia, en una trama que el pincel sabio teje con medida estructura, guiado por la mente tan lúcida que ordena, por los dedos que saben de su oficio, por el viento fluvial que los convoca....

                                                                                                       Efi Cubero. Revistart nº 164·año 19


Revistart 164